Acompañar a mi tocaya, Mara Saiz, durante uno de sus talleres de fotografía urbana fue una de esas experiencias que recuerdan lo bonito que es observar cómo miran otras personas.
Durante la sesión, Mara guió a sus alumnos por distintos recursos para fotografiar en la calle, trabajar con modelos y aprovechar todo lo que ofrece el entorno urbano.
Mi trabajo allí fue documentar el proceso desde dentro: las indicaciones, las pruebas, las risas, los momentos de concentración y esa mezcla tan especial entre aprendizaje, juego y descubrimiento que sucede cuando la fotografía se vive en compañía.
Esta selección de imágenes recoge el registro de una mañana compartida alrededor de la cámara. Una mirada cercana y respetuosa sobre el pulso del taller: los gestos, los vínculos, la energía del grupo y todo aquello que sucede entre una fotografía y otra.
Mara
las modelos